Por: Valeria Sosa | Periodista

Foto: Escsmagazine
Si miramos nuestro pasado y el rol que tenemos hoy como mujeres, el cambio ha sido paulatino pero abrupto:Hace 72 años, en Colombia, las mujeres no podíamos votar. Hace 66 años, no podíamos pensar en tomar decisiones sobre nuestro cuerpo y la maternidad. Hace 4 años, no podíamos decidir sobre ello. Hace 1 año, las menores de edad no tenían un alto tribunal que las protegiera del matrimonio infantil. Y la lista sigue.
El patriarcado y el machismo han sido un sinsentido castigador de lo femenino que no cesa del todo. Históricamente el rol de la mujer ha sido atado a los deseos del hombre: a su placer sexual, a la reproducción, al cuidado de los demás. Y el autodescubrimiento sexual, el cuidado de una y el no querer reproducirse era pecado, un acto puramente diabólico -concepción que aún persiste en algunas religiones-.
Sin embargo, no solo eso. El conocimiento era un prófugo de su posesión por decisión de la sociedad y la religión, que desde el siglo XIV dio paso a la categorización de las “brujas”: aquellas quienes alcanzaban el saber para aplicarlo en la sociedad más vulnerable; pero su futuro terminaba siento la muerte.
Ni el ser blanca y de la élite podía esfumar aquellas condenas por género. Un ejemplo de ello es Olimpia de Gouges, quien -en 1789-, posterior a la publicación de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, la reescribe enfocándola en la mujer por su exclusión allí. Pero solamente por reivindicar el rol femenino en medio del masculino -aunque también por criticar la violencia racial- fue enviada a la guillotina.
En la actualidad las dinámicas sociales han cambiado y el rol de la mujer se ha posicionado como relevante de a poco, sin embargo, las opresiones siguen. En un país como Colombia, la cosificación del cuerpo de la mujer como botín de guerra en medio del conflicto armado sigue atando al pasado. Según la Comisión de la Verdad, de 1.154 testimonios de violencia sexual, el 89.51% son de mujeres y el 10.49% de hombres.
En pueblos originarios como el Emberá, la mutilación genital femenina sigue siendo un problema traslucido que a veces se escapa del ojo público. Así como su mirada mundial donde el 90% de las mujeres en Guinea y Somalia han sufrido de este procedimiento que busca quitar el placer sexual, la “impureza” y pretende guardar la virginidad para su futuro esposo; según indica la UNICEF.
Pero esto no quiere decir que todo sea malo, sino que el cambio debe persistir con más fuerza para que estas problemáticas vayan desapareciendo y vayan garantizando los derechos que las mujeres, niñas y adolescentes ya tienen y que están por construir.
Si quiere saber más sobre el rol de la mujer en la sociedad, sus derechos, el movimiento social feminista, el amor, etc. Recuerde ver nuestra transmisión en vivo todos los lunes a las 7pm por Facebook y síganos por redes como @faldasenmovimiento.

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