Con una participación de más de 7.000 voces en 32 departamentos, Colombia avanza en la transformación de su política cultural con la reforma a la Ley General de Cultura. La propuesta, aprobada en primer debate, integra expresiones emergentes como el arte digital, callejero y comunitario, promueve la equidad territorial, protege los derechos de autor frente a la inteligencia artificial, y garantiza sostenibilidad económica.
Por: Mariana Duque
Una ley nacida desde los territorios

La Comisión Sexta de la Cámara de Representantes aprobó en primer debate la reforma a la Ley General de Cultura (Ley 397 de 1997). Esta iniciativa responde a las profundas transformaciones sociales, tecnológicas y culturales de las últimas décadas, y busca actualizar un marco legal que ya no reflejaba la diversidad creativa del país.
Más de 7.000 personas participaron en la construcción del nuevo articulado a través de 17 encuentros regionales realizados en los 32 departamentos. Creadores, sabedores, gestores, jóvenes, comunidades indígenas y afrodescendientes, colectivos barriales y artistas urbanos aportaron sus visiones y necesidades.
La ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani Fonrodona, ha enfatizado que esta es una ley “hecha con la gente”, que rompe con los centralismos históricos y reconoce el poder creativo que florece en los territorios.
Mural pueblos indígenas Localidad de Suba – La Campiña | Foto: Suba Al Aire.
Nuevas expresiones, nuevos derechos
Uno de los principales aportes de la reforma es la inclusión de manifestaciones culturales hasta ahora invisibilizadas. El texto reconoce oficialmente el arte digital (incluyendo realidad aumentada, inteligencia artificial y entornos virtuales), el arte callejero (como grafiti, muralismo y danza urbana), los contenidos convergentes, y el arte multimedia.
Además, se incorpora la figura de Cultura Viva Comunitaria, dándole respaldo legal y financiero a colectivos y procesos culturales organizados desde la base. También se destaca la valoración de las economías populares y saberes tradicionales, como pilares fundamentales de cohesión social y sostenibilidad cultural.
El reconocimiento del etnoturismo también se vuelve clave. Esta modalidad turística, enfocada en el intercambio respetuoso con comunidades étnicas, impulsa la valoración del patrimonio vivo y promueve modelos de desarrollo culturalmente sostenibles.

Mural Localidad de Suba – 21 Ángeles | Foto: Suba Al Aire.
Hacia una gobernanza horizontal y participativa
Otro eje estructural de la reforma es la transformación del modelo de gobernanza cultural. Se propone fortalecer el rol de los consejos territoriales de cultura y las organizaciones sectoriales, para que tengan mayor incidencia en la toma de decisiones del Sistema Nacional de Cultura.
Esto se traduce en una “gobernanza horizontal”, donde las políticas culturales no se deciden desde Bogotá, sino desde una construcción colaborativa en la que los territorios tienen voz y voto. Se busca que las decisiones de financiamiento, formación y circulación artística se definan de manera más equitativa y descentralizada.
La ley también fomenta una relación más estrecha entre cultura y educación, con énfasis en la formación artística en instituciones educativas públicas y privadas. Esto permitirá una integración real del arte en la vida escolar, así como el fortalecimiento de procesos pedagógicos con enfoque intercu





Financiación, tecnología y ética cultural
Para garantizar la sostenibilidad de esta ambiciosa reforma, el proyecto establece herramientas regulatorias y estímulos económicos avalados por el Ministerio de Hacienda, lo que permitirá asegurar recursos para la promoción, circulación y fortalecimiento de los procesos culturales.
También se aborda un tema crucial: la protección de los derechos de autor en el entorno digital y ante la inteligencia artificial. Con el auge de plataformas de generación creativa automatizada, la ley busca garantizar que los creadores humanos conserven sus derechos morales y patrimoniales frente a estas tecnologías.
Además, se promueve una ética en el uso de la inteligencia artificial en la producción cultural, estableciendo principios de transparencia, autoría y consentimiento, para evitar apropiaciones indebidas de contenido y replicar desigualdades tecnológicas.

Mural puente de la Virgen Localidad de Suba | Foto: Suba Al Aire.
Una oportunidad histórica para el país
Esta reforma representa un cambio de paradigma, de una ley pensada desde el Estado a una ley construida desde las comunidades. Reconoce la pluralidad cultural de Colombia, la innovación digital, los lenguajes juveniles y las formas tradicionales de saber, sin excluir ninguna.
El impacto social se proyecta en múltiples niveles: fortalecimiento de la identidad territorial, promoción de las economías culturales locales, ampliación de derechos para creadores diversos, y democratización de la participación cultural.
Ahora el proyecto debe superar el segundo debate en la Cámara y continuar su curso hacia el Senado. Se espera que, si todo avanza como está previsto, la nueva Ley del Futuro Cultural entre en vigencia en el primer semestre de 2026. Colombia estaría entonces dando un paso firme hacia una política cultural del siglo XXI, más inclusiva, descentralizada, diversa y sostenible.
En Suba Al Aire seguiremos atentos al avance de esta ley en el Congreso y a sus impactos en las comunidades culturales locales. Síguenos en nuestras redes sociales para estar al tanto de las transformaciones que están marcando el rumbo de la cultura en Colombia.


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